El rol del esposo en el matrimonio
Raúl Alvarez Torrico
Resumen
En este estudio discutiremos algunos principios básicos presentes en la Palabra de Dios acerca del rol del esposo en el matrimonio. El análisis presentado aquí se enmarca en una interpretación teológica conservadora, apegada a una concepción complementarianista de los roles del esposo y la esposa en el matrimonio —en contraposición a la concepción igualitarianista. Bajo la premisa irrenunciable de la infalibilidad e inerrancia de la Palabra de Dios, sostenemos que una correcta exégesis gramatical e histórica de la Palabra es el único camino para el entendimiento correcto de los roles del esposo y de la esposa en el matrimonio. El Señor no cambia, pues Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos (He. 13:8) y su infalible e inerrable Palabra tampoco cambia (Lc. 16:16–17). Por lo tanto, el significado original de las Escrituras —interpretado en su contexto correcto— tampoco cambia y está vigente para todas las épocas de la vida humana en la tierra (2 Ti. 3:16–17).
Nota: Cuando hagamos referencia al "hombre" en el texto, estaremos haciendo referencia al ser humano como tal (varón y mujer) y usaremos "varón" preferentemente para referirnos al género masculino.
Amar, sustentar y proteger
"25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, 27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. 28 Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. 29 Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia," Efesios 5:28–29
En base al pasaje anterior, uno de los primeros deberes del esposo para con Dios, es amar a su esposa siguiendo el ejemplo de cómo Cristo amó a la iglesia. Seguramente hay más de una manera en la que un esposo puede demostrar su amor para con su esposa, sin embargo Pablo en este pasaje, a propósito dirige nuestras miradas específicamente hacia el ejemplo de Cristo. No dice que los maridos deben amar a sus mujeres "de la manera que cada uno crea conveniente" sino que específicamente menciona: "así como Cristo amó a la iglesia". Entonces, aquí Pablo pone al Señor Jesucristo como el modelo del esposo perfecto, y su amor por la iglesia como el modelo del tipo de amor con el que un esposo debe amar a su esposa.
¿Cómo demostró Cristo su amor para con la iglesia?
Dice Pablo en este pasaje que Cristo dio su vida por ella para salvarla y santificarla. Una de las pruebas más grandes del verdadero amor tiene que ver con la capacidad de dar. Lo cual tiene que ver con la generosidad y el desprendimiento, que son también algunos de los rasgos más visibles del amor. Y no hay prueba más definitiva del verdadero amor que dar la vida por aquellos a quienes uno ama. Porque no hay nada más valioso para el ser humano que la vida. Entonces, cuando una persona da su vida por otros, lo ha dado todo, pues no queda nada más por dar. Uno puede dar de su tiempo, de su esfuerzo y de su dinero, pero cuando ha dado su vida, ha entregado su posesión más valiosa. Y ésa es la definición de amor sacrificial; el amor que lo sacrifica todo, si es necesario incluso la vida misma. Ése es el tipo de amor con que Cristo amó —y ama— a la iglesia, y ése es el tipo de amor con el que Dios demanda que todo esposo ame a su esposa.
Ahora bien, los esposos no se ven frecuentemente en la posición de tener que dar su vida por sus esposas, sino que los "sacrificios" que les toca hacer normalmente son más triviales. Aunque si se diera el caso —Dios no lo quiera— de que un esposo tenga que dar su vida para proteger a su esposa, por supuesto que tiene que hacerlo. Un esposo jamás debería valor su vida por encima de la de su esposa o la de sus hijos. Entonces, mas que "sacrificios" son tareas y responsabilidades que debe asumir por el bienestar de su familia. En promedio, no más difíciles que las que cualquier otro esposo debe hacerlo cotidianamente. Son tareas comunes de la vida diaria que Dios ha puesto sobre los esposos. Aún así sin embargo, en las cosas más banales, los esposos muchas veces fallamos en demostrar nuestro amor por nuestras esposas y nuestros hijos.
¿Cómo debe entonces el esposo demostrar su amor para con su esposa?
Pablo nos dice también en el pasaje anterior que el esposo debe amar a su esposa como a sí mismo. Eso quiere decir que debe tratar a su esposa como él quiere ser tratado. Cuando el esposo demanda de su esposa un trato considerado, respetuoso, cariñoso, justo y atento, pero no trata a su esposa de la misma manera, sino que mas bien la trata mal, no está amando a su esposa como a sí mismo. No está amando a su esposa como Dios lo espera. Y al no ser capaz de amar a su esposa como Dios demanda de él, está pecando contra Dios. Pues si es así, entonces el esposo no alcanza el objetivo que Dios le ha puesto y yerra en el blanco —pecar significa literalmente errar en el blanco. Cuando fallamos en llenar las expectativas que Dios tiene de nosotros en cuanto a la obediencia a sus mandatos, pecamos y nos hacemos responsable delante de Él para dar un día cuentas de ello.
Según Pablo, el esposo debe demostrar también su amor para con su esposa sustentándola y cuidándola. Así como Cristo también —dice Pablo—sustenta y cuida de la iglesia. En el Griego original, la palabra "sustentar" en este versículo significa literalmente "alimentar" y la palabra "cuidar" significa "proteger", "cubrir" o incluso "vestir". Entonces, el apóstol Pablo nos está diciendo que, literalmente, la forma en que el esposo empieza por demostrar su amor por su esposa —y sus hijos por supuesto— es procurando comida, techo y abrigo para su esposa y para con sus hijos. Esto coincide plenamente con la concepción Bíblica tradicional del matrimonio y la familia, en el que el esposo cumple el rol fundamental de proveedor para la familia y la esposa cumple el rol fundamental de cuidar del hogar y de los hijos. Estos roles tradicionales han sido brutalmente atacados en estos últimos tiempos por el feminismo moderno y el neo-marxismo, bajo la premisa de que ello reduce y menoscaba a la mujer, lo cual es completamente absurdo. No hay rol más importante y loable para la mujer que hacerse cargo del hogar y de los hijos, lo cual tampoco le priva de realizar otras actividades (Pr. 31:10–31). Pero a ella le ha sido asignada el rol crítico y fundamental de cuidar y educar a los hijos, lo cual no es poca cosa como el feminismo moderno quiere hacernos creer.
Por supuesto, estos roles son razonablemente flexibles. Hay algunas esposas y madres que trabajan fuera de la casa, ya sea por deseo propio o porque sus circunstancias así lo exigen. De manera similar, hay esposos y padres que se quedan en casa. Ninguna de las dos cosas son inherentemente malas, siempre y cuando no subviertan o desarticulen fuera de todo control la estructura familiar, dentro del diseño perfecto de Dios para el matrimonio y la familia. Pues cuando esto pasa, la relación marital puede degenerar y la educación integral de los hijos se descuida en desmedro de ellos, entre otras cosas. Y esto último no es del agrado de Dios porque atenta directamente contra la integridad de la familia.
Si bien, sustentar y cuidar a la esposa e hijos no es probablemente la única forma en que el esposo y padre demuestra su amor, sin embargo es una de las primeras y también una de las más primordiales. Puesto que las personas no vivimos sólo de promesas o buenas intenciones, sino que tenemos necesidades esenciales para nuestra subsistencia, de las cuales la comida, el techo y el abrigo son de las más fundamentales. Y es primeramente supliendo esas necesidades esenciales para la vida que el esposo empieza por demostrar su amor para con su esposa y su familia.
Pero por supuesto, las obligaciones del esposo y padre no terminan ahí, sino que también debe procurar el mejor ambiente de convivencia familiar en felicidad y armonía. La esposa y los hijos también necesitan sentirse comprendidos, queridos, valorados y protegidos por el esposo y padre. Incluso podría afirmarse que —dentro de lo razonable— los segundo es incluso más importante que lo primero. Proverbios 17:1 dice:
"Mejor es un bocado seco, y en paz, Que casa de contiendas llena de provisiones." Proverbios 17:1
En ese entendido entonces, el esposo generalmente sale fuera del hogar, al mundo a enfrentar las vicisitudes, las dificultades para procurar el sustento para su familia. Porque ése es uno de sus deberes primordiales. Sin embargo, la mujer que se queda en casa también sustenta y cuida de su familia dentro del hogar. Ambos roles se complementan, pues las responsabilidades se reparten y así se hacen también más llevaderas. Por ejemplo, si bien el esposo procura el dinero para la comida, la esposa es la que lo busca y lo prepara para la familia. En este sentido, es falso que el varón pone la comida en la mesa; porque en realidad ambos lo hacen. El esposo hace su parte y la esposa hace también la suya. Ninguna de las dos labores es más valiosa que la otra; ambas son necesarias y valiosas porque se complementan. Y en aquellos casos menos ideales en los que el esposo no cumple con su parte por cualquier razón, la mujer a veces se encarga de todo, pero la carga es generalmente excesiva para ella. Pues es difícil procurar el sustento para una familia, encargarse de la educación integral de los hijos, y hacer bien ambas cosas al mismo tiempo.
Pero como ya dijimos antes, no hay nada inherentemente malo en que la esposa trabaje, sin descuidar en lo posible su rol principal, que implica entre otras cosas el cuidar y educar a sus hijos. Hoy por hoy, hay muchas esposas y madres que trabajan fuera de la casa y es más común de lo que debería ser lamentablemente, porque en estas condiciones generalmente se desatiende el cuidado y la educación integral de los hijos. No es la vida ideal diseñada por Dios para la familia porque los hijos necesitan de la presencia permanente, del cuidado y atención especial de la madre. Según el modelo de Dios, la obligación de proveer el sustento para la familia es más del varón que de la mujer. Pero por otro lado, hay esposos que se ven impedidos de cumplir con esa obligación por motivos de fuerza mayor. Por ejemplo, por motivos de salud o por falta de oportunidades de trabajo. Si ése fuera el caso, siempre y cuando el esposo haga lo humanamente posible por cumplir y hayan circunstancias fuera de su control que se lo impiden, no peca delante de Dios. Y si una esposa se ve obligada a trabajar fuera de la casa para ayudar a su familia, por supuesto que tampoco peca. Muchas veces incluso se da el caso que a la mujer se le presentan oportunidades de trabajo más rápidamente que al varón, y si la necesidad apremia para la familia, la decisión correcta es obvia.
Pero incluso en ausencia de necesidades apremiantes, la esposa —si desea— puede contribuir con sus ingresos propios para sustentar a la familia, más allá de cumplir con sus tareas en el hogar. Pero no debería tener que trabajar sólo para cubrir la negligencia del esposo, sino más bien para aumentar y complementar el fruto del trabajo que su esposo hace. Un ejemplo de cómo esto no solo es posible, sino que es también digno de gran encomio y de alabanza a los ojos de Dios, lo encontramos en Proverbios 31:10–31
"10 Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. 11 El corazón de su marido está en ella confiado, Y no carecerá de ganancias. 12 Le da ella bien y no mal Todos los días de su vida. 13 Busca lana y lino, Y con voluntad trabaja con sus manos. 14 Es como nave de mercader; Trae su pan de lejos. 15 Se levanta aun de noche Y da comida a su familia Y ración a sus criadas. 16 Considera la heredad, y la compra, Y planta viña del fruto de sus manos. 17 Ciñe de fuerza sus lomos, Y esfuerza sus brazos. 18 Ve que van bien sus negocios; Su lámpara no se apaga de noche. 19 Aplica su mano al huso, Y sus manos a la rueca. 20 Alarga su mano al pobre, Y extiende sus manos al menesteroso. 21 No tiene temor de la nieve por su familia, Porque toda su familia está vestida de ropas dobles. 22 Ella se hace tapices; De lino fino y púrpura es su vestido. 23 Su marido es conocido en las puertas, Cuando se sienta con los ancianos de la tierra. 24 Hace telas, y vende, Y da cintas al mercader. 25 Fuerza y honor son su vestidura; Y se ríe de lo por venir. 26 Abre su boca con sabiduría, Y la ley de clemencia está en su lengua. 27 Considera los caminos de su casa, Y no come el pan de balde. 28 Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; Y su marido también la alaba: 29 Muchas mujeres hicieron el bien; Mas tú sobrepasas a todas. 30 Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; La mujer que teme a Jehová, esa será alabada. 31 Dadle del fruto de sus manos, Y alábenla en las puertas sus hechos." Proverbios 31:10–31
El pasaje anterior es una muestra clara acerca de cómo la mujer, más allá de cuidar de la casa y de los hijos, puede contribuir sustancialmente a aumentar no sólo la seguridad material de su familia, sino también su bienestar integral. Incluso al punto de estar en condiciones de ayudar a los necesitados con generosidad y desprendimiento. Esto no es feminismo ni igualitarianismo, sino complementarianismo puro.
"11 Pero en el Señor, ni el varón es sin la mujer, ni la mujer sin el varón; 12 porque así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios." 1 Corintios 11:11–12
Finalmente, volviendo al tema de rol del esposo, es pertinente recalcar nuevamente que a veces hay circunstancias fuera de su control que le impiden sustentar a su familia como él quisiera. Siempre y cuando ponga todo su empeño y no sea negligente, estará cumpliendo como esposo y como padre. De todos modos, el cumplimiento de su obligación no se mide por la cantidad de dinero que pueda conseguir para su familia, sino por la cantidad de esfuerzo que ponga de su parte para ello. Naturalmente, hay casos en los que el esposo pone todo el esfuerzo posible, pero ni aún así consigue suplir adecuadamente todas las necesidades de su familia. Si ése es el caso, ese esposo no debería sentirse mal, pues siempre que ponga todo el esfuerzo de su parte, estará cumpliendo con su rol delante de Dios. Y con la bendición de Dios, recibirá tarde o temprano la justa retribución a su esfuerzo. Si es un hombre íntegro y fiel para con Dios, no debe temer que sus hijos pasen hambre.
"Joven fui, y he envejecido, Y no he visto justo desamparado, Ni su descendencia que mendigue pan." Salmos 37:25
El marido es cabeza de la mujer
"21 Someteos unos a otros en el temor de Dios. 22 Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; 23 porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. 24 Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo." Efesios 5:21–24
Podría argumentarse que la sumisión o sujeción es un concepto generalmente mal entendido —y mal explicado también— en la iglesia Cristiana. Y con toda seguridad es también bastante polémico. Pero es una enseñanza 100% Bíblica. Existen al menos cinco tipos de sujeción enseñados en la Biblia:
- La sujeción de la esposa al esposo (Ef. 5:22–24, Col. 3:18–19).
- La sujeción del esposo a Cristo (1 Cor. 11:3).
- La sujeción de los hijos a los padres (Ef. 6:1, Col. 3:20).
- La sujeción de los creyentes a la iglesia —particularmente a sus líderes espirituales (He. 13:17).
- La sujeción de los ciudadanos a las autoridades civiles (Col. 3:22–23, Ro. 13:1–5).
Estos cinco tipos de sujeción comparten los mismos principios Bíblicos en cuanto a su significado, propósito y ejercicio, y son además mandados por Dios, no por los hombres. Por consiguiente, obedecer y practicarlos todos, es por ende obedecer y practicar la sujeción a Dios. Frases significativas en cada pasaje nos dan a entender esto:
- La sujeción de la esposa al esposo: "Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor" —Efesios 5:22.
- La sujeción del esposo a Cristo: "...quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón..." —1 Corintios 11:3
- La sujeción de los hijos a los padres: "...obedeced en el Señor a vuestros padres..." —Efesios 6:1.
- La sujeción de los creyentes a la iglesia: "Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; ... quienes han de dar cuenta..." —Hebreos 13:17.
- La sujeción de los ciudadanos a las autoridades civiles: "Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios..." —Romanos 13:1
El ejemplo de Jesús en la sujeción
"...Dios [es] la cabeza de Cristo." 1 Corintios 11:3
El Señor Jesús es con toda seguridad el ejemplo más claro de sujeción a Dios. Particularmente del Hijo que honra y obedece a su Padre. Lo cual es importante si pensamos que al final, todos nosotros somos hijos de Dios junto con Jesús, nuestro hermano mayor. Cristo vino al mundo no buscando lo suyo, sino el hacer la voluntad de su Padre.
"No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre." Juan 5:30
Pero cuidado que tampoco vino forzado por su Padre o en contra de su propia voluntad. Sino que por propia decisión sujetó su voluntad a la de su Padre —que es lo que todo buen hijo debe hacer. Un hijo que obedece a sus padres por temor al castigo y a regañadientes, no hace las cosas voluntariamente. Pero un hijo que obedece a sus padres por libre decisión personal, sujeta su voluntad a la de ellos y obedece voluntariamente por amor a ellos, no por temor al castigo. Cristo sujetó su voluntad a la de su Padre por amor a Él, para hacerse voluntariamente parte del plan maravilloso de Dios para la salvación del hombre:
"el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre," Gálatas 1:4
"[S]e dió a sí mismo" significa que entregó voluntariamente su vida por nuestros pecados para librarnos del castigo de eterno. "[C]onforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre" implica que sujetó su voluntad a la de su Padre, lo cual requiere mucho amor, pues lo que se predispuso a hace no era nada fácil: Despojarse a sí mismo de los honores de su Deidad, humillarse y obedecer parar morir por los pecados de la humanidad. Entonces, un componente importante de la sujeción, es que ésta debe ser ante todo voluntaria. Pues nadie está realmente obligado a sujetarse otra persona, ni siquiera a Dios mismo. Otro componente importante de la sujeción es el amor, pues nadie se sujeta de su libre voluntad a otra persona, a menos que ame profundamente a la otra persona. Jesús estaba sujeto a Dios Padre —y aún lo está— no sólo porque Él ama al Padre, sino también porque sabe que el Padre le ama a Él.
El estudio titulado "La sujeción" (disponible en este sitio web) desarrolla en mayor detalle el concepto de la sujeción Bíblica, sus tipos y sus componentes fundamentales.
La sujeción de la esposa al esposo
Según el apóstol Pablo, el mandamiento de Dios para la esposa es el de sujetarse a su marido. Este es un mandamiento que viene de Dios —no precisamente del esposo. Y tampoco es una imposición de ningún otro ser humano. Ahora bien, la mujer —como con todos los mandamientos del Señor— elige obedecer y cumplir o no hacerlo, según su libre albedrío. Es decir, voluntariamente. Sin embargo la sujeción, si bien es voluntaria, todavía es un mandamiento de Dios. Por contrapartida, el mandamiento de Dios para el marido es amar a su esposa. Y en este caso el esposo también —como con todos los mandamientos de Dios— elige obedecer y cumplir, o elige ignorarlo según su libre albedrío. Pero por supuesto, el esposo debería obedecer el mandamiento de amar a su esposa. ¿Por qué? Porque él mismo está también sujeto a Dios y debe obedecerle.
El "libre albedrío" es un concepto incompleto y mal entendido cuando sólo se hace énfasis en la libertad del ser humano de tomar sus propias decisiones, sin considerar la responsabilidad de dar cuentas a Dios de esas decisiones. También es un concepto mal entendido si se ignora que el libre albedrío es una concesión dada por Dios al hombre. La Biblia afirma que de todas las decisiones que el ser humano voluntariamente tome en su vida, un día deberá rendir cuentas delante de Dios. En otras palabras, no existe libre albedrío sin responsabilidad delante de Dios. Por consiguiente, en el día del juicio tendremos que dar cuentas a Dios acerca de cómo hicimos uso de nuestro libre albedrío.
A través de este mandamiento para el esposo —de amar a su esposa— Dios le prohíbe por ende abusar o maltratar a su esposa, sin importar que ella se sujete o no. Y por sí acaso —tal vez debería estar por demás sobreentendido, pero por si acaso lo decimos— el esposo tampoco puede disciplinar o castigar físicamente a su esposa, como a sus hijos. Sí puede exhortarla y corregirla en amor —así como también la esposa puede exhortar y corregir a su esposo con todo respeto— pero no puede levantarle la voz, castigarla o disciplinarla como lo haría con una hija. Porque es su esposa, no su hija. Lo último es algo tan elemental, que debería estar perfectamente claro para todos los esposos, pero algunos lamentablemente no lo entienden así.
Y para cimentar más aún esta idea, más adelante en Efesios 5:21–24, el apóstol Pablo nos dice también que: "el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador." Y Pablo aún añade también más adelante en los versos 25–29:
"25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, [...] 28 Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. 29 Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia," Efesios 5:25, 28–29
Nadie maltrata su propio cuerpo —nadie que esté en su sano juicio por supuesto— sino que más bien lo cuida y valora. Cristo es el salvador de la iglesia, no es su tirano. Él ama tanto a la iglesia, que dio su vida por ella. Por lo tanto el esposo, lejos de ser el que maltrata y abusa de su esposa, debe ser el que la ama, la sustenta y la protege.
¿Qué significa que el esposo sea la cabeza?
Significa al menos tres cosas:
- Que el esposo desempeña un liderazgo en servicio.
- Que el esposo es líder espiritual para su esposa.
- Que tiene autoridad delegada por Dios.
Expliquemos en qué consiste cada una de ellas.
El esposo desempeña un liderazgo en servicio
Que el esposo sea líder no significa que va arriba para mandar, sino que va delante para proteger y dar el ejemplo —lo cual es muy diferente. Esto significa que debe ser un ejemplo para su esposa e hijos, de cómo ser un verdadero siervo de Dios que vive en obediencia y sujeción al Señor. De tal modo que su esposa y sus hijos le vean, pues precisamente por eso va delante como cabeza fijando la pauta, el patrón, el modelo del buen Cristiano, para que su esposa y sus hijos así mismo le imiten. Cabeza en este sentido, significa modelo a seguir, más que autoridad para ordenar. Pues de todos modos, el esposo sólo tiene autoridad de parte de Dios en su familia siempre y cuando él mismo sea un buen modelo de Cristo a seguir. El esposo tiene que ser capaz de decir, como dijo Pablo en 1 Corintios 11:1
"Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo." 1 Corintios 11:1
Por otra parte sin embargo, que el esposo sea cabeza de la mujer significa también que tiene una posición de liderazgo dada por Dios. Pero un liderazgo en servicio. Hablando del cual, Marcos 10:44 dice:
"y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos." Marcos 10:44
Este liderazgo en servicio es el mismo concepto que se aplica también al liderazgo en la iglesia. El Señor Jesús dijo en Mateo 20:25–28:
"25 Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. 26 Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 27 y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; 28 como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos." Mateo 20:25–28
En el liderazgo en servicio, el líder tiene la obligación delante de Dios de ser ejemplo de moral, ética y madurez espiritual para los que le siguen. Es decir, ejemplo de temor a Dios y obediencia a su Palabra. De todas las responsabilidades que el esposo pueda tener, su responsabilidad principal es guiar a su esposa y a sus hijos hacia el temor de Dios y hacia su salvación. Pues finalmente, si un esposo cumple en todo para con su esposa y sus hijos, pero falla en mostrarles el camino de la salvación y de la sujeción a Dios para una vida en santidad, ha fallado como cabeza. Recordemos que Pablo nos dice en Efesios 5:21–24 que Cristo es cabeza de la iglesia porque es su salvador. Entonces, el esposo como cabeza de la esposa, tiene la obligación moral delante de Dios de guiar a su esposa —y también a sus hijos— por el camino de la salvación y de una vida piadosa. Luego, si la esposa o los hijos no quieren entregar sus vidas a Cristo, esa decisión personal ya no es responsabilidad del esposo. Siempre y cuando éste no haya fallado en mostrarles diligentemente el camino de la salvación.
Definitivamente, el esposo no sólo tiene responsabilidades que son para la vida terrenal presente, sino también responsabilidades de valor eterno, en relación a la salvación de su esposa y sus hijos. Estas últimas son definitivamente mucho más importantes que las terrenales. No en vano nos dice el Señor Jesús en Marcos 8:36:
"Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?" Marcos 8:36
Finalmente, es también necesario notar que hay esposos que realmente no quieren tomar la responsabilidad de ser cabeza de familia. Y en ese sentido, tal vez ellos mismos no esperan que ni sus esposas, ni sus hijos se sujeten. Para algunos de ellos quizá es más fácil desentenderse de sus responsabilidades y evitarse la molestia de procurar el sustento y abrigo para su familia. Así mismo también de brindarles el cariño y la protección que merecen. Esposos que actúan así, pecan delante de Dios porque ser cabeza del hogar es una obligación que ningún esposo y padre debería rehuir. La cual es por supuesto una enorme responsabilidad que implica mucho esfuerzo y sacrificio. Lo cual, la esposa y los hijos deben ser también sabios en reconocer y elogiar.
El esposo es líder espiritual de su esposa
Ser cabeza significa también que el esposo debe ser un líder espiritual para su esposa e hijos. No exageramos si decimos que el esposo debe ser como un pastor para su familia. ¿Qué hace un pastor de un rebaño de ovejas? Las lleva a pastos verdes y agua fresca. O sea que las sustenta y las alimenta. Pero también vela por ellas para que no se pierdan y no sean heridas. O sea que las cuida y las protege.
El esposo debe ser también ejemplo de madurez espiritual en la práctica de las disciplinas espirituales. Principalmente el estudio de la Palabra y la oración. Debe animar a su esposa y a sus hijos a perseverar en la fe, en el camino de la salvación y debe liderizar a su familia en el devocional y el estudio de la Palabra.
Tiene autoridad delegada por Dios
Por último, ser cabeza significa también que el esposo definitivamente tiene autoridad delegada por Dios. Veamos qué significa esto.
En el liderazgo en servicio, toda autoridad que el líder ejercita no viene del hombre, sino de Dios. Entonces, cualquier autoridad que el esposo pueda tener sobre su esposa —y sobre sus hijos— no viene de sí mismo y no viene de otras instancias humanas, sino de Dios y su Palabra. Ésta es una autoridad delegada por Dios. Y como con toda autoridad delegada por Dios, dicha autoridad ejercida no le pertenece y dará cuentas a Dios acerca de cómo la usó.
Abusar de la autoridad en la familia para propósitos carnales egoístas es por supuesto totalmente contrario al amor sacrificial, que es lo que Dios demanda del esposo. Cuando el esposo maltrata a su esposa, peca delante de Dios porque está reemplazando la autoridad de Dios en amor por una autoridad que viene de su propia naturaleza carnal pecaminosa, en egoísmo y malicia.
"16 Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.17 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis." Gálatas 5:16–17
"porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?" 1 Corintios 3:3
Por lo tanto, la única autoridad que le es permitido al esposo ejercer en su familia es la que viene de Dios, en amor sacrificial y enmarcado en un liderazgo en servicio. No la que viene de su naturaleza carnal pecaminosa en egoísmo y vanidad. Es así que el esposo debe reprimir sus impulsos carnales de ira, enojo, egoísmo y malicia en el trato para con su esposa e hijos, para dar paso a la autoridad del Espíritu Santo en amor. Pues para empezar, él mismo debe ser capaz de vivir sujeto a la autoridad del Espíritu Santo en amor.
Además, el esposo no debe olvidar que la esposa y los hijos que Dios ha puesto bajo su cuidado y autoridad, son también hijos de Dios y almas que Cristo ha redimido con su sangre —si es que son creyentes nacidos de nuevo, por supuesto. Pero incluso si no son Cristianos, son seres humanos como él, creados a imagen y semejanza de Dios. Su esposa y sus hijos no le pertenecen a él, sino a Dios quien les dio vida. Y debe recordar también que —si su esposa es Cristiana— ella es su hermana en Cristo y coheredera de la gracia de la vida eterna (1 Pe. 3:7).
Así mismo el esposo debe entender que la sujeción nunca debe ser una imposición suya, sino que es más bien un mandamiento de Dios a su esposa. Y si ha sido dado por Dios, sólo a Dios le corresponde exigirla. Lo único que al esposo le queda es más bien tratar de ganársela, dando primeramente a su esposa el amor y honor que merece. Por contrapartida sin embargo, la esposa no necesita realmente hacer méritos para que su esposo la ame. Porque el amor del esposo, así como el amor de Cristo, debe ser un amor incondicional. El esposo debe amar a su esposa porque es un mandamiento de Dios. Con todo, es deber también de la esposa corresponder a su esposo con ese mismo amor sacrificial. Así como también la iglesia debe amar a Cristo correspondiendo a ese amor con que Cristo amó primero a la iglesia.
Por último, es también importante para el esposo recordar lo que el apóstol Pedro nos dice en 1 Pedro 3:7:
"Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo." 1 Pedro 3:7
Según este pasaje, aparentemente Dios no está dispuesto a escuchar las oraciones de los esposos que no honran a sus esposas. No dejemos pues, como esposos, que nuestra falta de amor sacrificial para con nuestras esposas impida que nuestras oraciones sean escuchadas delante de Dios.
Conclusión
Sin duda alguna, el modelo Bíblico define el rol del esposo como cabeza del matrimonio. Como ya dijimos, esto no significa que el esposo sea superior a la esposa en cuanto a valor o importancia, sino que el esposo va más bien delante "dando la cara" en actitud de protección y va delante marcando la pauta para su esposa y sus hijos acerca de cómo debe andar un creyente piadoso. Así como Cristo es cabeza de la iglesia, el esposo es cabeza de su esposa, y así como Cristo ama a la iglesia y dio su vida por ella, así también el esposo debe amar a su esposa —como a sí mismo— y estar incluso dispuesto a dar su vida por ella. A su vez, la esposa juega también un rol complementario dado por Dios que es sumamente importante, el cual desarrollaremos en detalle en otro estudio similar.
Finalmente cabe afirmar que la Palabra de Dios es contundente en cuanto al rol del esposo como cabeza de la mujer. Esto no lo podemos negar a pesar de los incesantes ataques del feminismo moderno, de la ideología de género y del neo-marxismo en este tiempo. A esto la iglesia no debe jamás ceder, ni mucho menos sucumbir sólo por temor a ser tildados de "anticuados", "machistas", "intolerantes" o cualquier otro calificativo que nos quieran dar. Dios no cambia y su Palabra tampoco (Mal. 3:6, St. 1:17, He. 13:8). Si creyéramos que hay que "ajustar" el diseño de Dios para la familia para que se acomode a los "tiempos modernos" y al capricho carnal pecaminoso del ser humano, estaríamos negando la inerrancia Bíblica y estaríamos negando a Dios mismo.
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Este material está en constante revisión y complementación.
Versión original: 0.1 (04-04-24)
Versión 0.2 (02-09-25)