Introducción a la guerra espiritual
Raúl Alvarez Torrico
Resumen
En este estudio abordaremos el tema de la guerra espiritual con un énfasis especial en la importancia de entender claramente la naturaleza de los enemigos espirituales que el creyente enfrenta. Discutiremos cuál es el propósito fundamental que el enemigo quiere logra en la vida del creyente individualmente, así como también en toda la iglesia colectivamente. Hablaremos así mismo acerca de cómo es que Satanás y la carne pecaminosa son aliados naturales y cooperan entre sí para lograr sus objetivos. Finalmente, hablaremos acerca de algunos errores fundamentales que la iglesia comete en su lucha espiritual contra sus enemigos.
Guerra espiritual
¿Qué es la guerra espiritual?
La guerra espiritual es el conjunto de batallas espirituales que el Cristiano enfrenta contra el enemigo en toda su vida. Contrario a la concepción de algunos creyentes, el enemigo espiritual del Cristiano no es uno solo.
Los enemigos del Cristiano
Una concepción equivocada en muchos creyentes es considerar a Satanás (y sus demonios) casi exclusivamente como únicos enemigos en la guerra espiritual. Lo cual no es totalmente correcto, pues los enemigos del Cristiano son dos:
- Satanás (y sus demonios).
- La carne pecaminosa (y el mundo).
Algunos prefieren separar al mundo y añadirlo como una tercera categoría; en ambos casos, la idea es la misma.
Ambos enemigos —Satanás y la carne— cooperan entre sí para lograr un propósito fundamental:
Lograr que el creyente caiga en pecado para que su comunión con Dios sea rota.
Esto ocasiona efectos inmediatos importantes en la vida del creyente:
- Lo coloca en estado de enemistad contra Dios y potencialmente bajo juicio, con consecuencias que en casos extremos pueden llegar a ser graves. Por ejemplo, consideremos lo que les pasó a Ananías y Safira cuando mintieron al Espíritu Santo y pecaron (Hch. 5:1-11). O el caso de inmoralidad sexual descrito en 1 Corintios 5:1–5.
- Produce en el creyente desaliento, lo cual le lleva a descuidar el estudio de la Palabra y la oración. Esto repercute inmensamente en su crecimiento espiritual.
- Neutraliza espiritualmente al creyente para que sea incapaz de presentar una oposición efectiva contra el enemigo.
Todo lo anterior repercute también directa o indirectamente en la vida de la iglesia. Y por ende, en la propagación del evangelio, como veremos:
- Cuando un creyente peca, la comunión de la iglesia se ve afectada directa o indirectamente. Esto puede suceder de muchas maneras, sobre todo cuando el pecado cometido es percibido como particularmente perjudicial para el testimonio del evangelio y la iglesia. Por ejemplo, en casos de adulterio. Más aún, si surgen conflictos internos entre los miembros a causa del pecado cometido. Y el impacto en la iglesia es aún mayor si el pecado cometido sale a la luz pública y afecta el buen testimonio de la iglesia.
- Cuando hay pecado en la iglesia y éste problema permanece por mucho tiempo sin ser resuelto, el crecimiento espiritual de la iglesia se ve afectado considerablemente. Pecados ocultos en la vida de los creyentes tienen también el potencial de causar un decaimiento moral paulatino en el resto de la iglesia, sobre todo si no se aplica la disciplina correctiva mandada por la Biblia. Esto sucede cuando algunos creyentes empiezan a menoscabar la importancia de una vida piadosa y apartada del pecado, por el hecho de que hay otros que viven moralmente en reproche sin ser reprendidos por la iglesia. Esto, a su vez, abre la puerta para que otros pierdan el temor a Dios y pequen también (1 Co. 5:6). Y consecuentemente, cualquier decaimiento moral causa inevitablemente que la iglesia sienta apatía por el estudio de la Palabra y la oración.
- La falta de estudio de la Palabra y la oración hacen a su vez que el crecimiento espiritual de la iglesia se frene. Por ello, un objetivo importante del enemigo es precisamente frenar o menoscabar la enseñanza Bíblica en la iglesia, para que el crecimiento espiritual se estanque.
- La predicación del evangelio se ve perjudicada, porque cuando hay desaliento en los creyentes, éstos pierden el interés en la predicación del evangelio. Problemas de índole moral y ético en los creyentes a su vez, le quitan a la iglesia autoridad moral para predicar el evangelio. Y observaciones rigurosas de la vida de la iglesia nunca escapan de la vista de los no creyentes. Por el contrario, éstos naturalmente exigen de los Cristianos un elevado estándar de moral y ética. Y es precisamente por ello que el enemigo está sumamente interesado en causar la mayor cantidad de conflictos éticos y morales en la vida de los creyentes. Especialmente de aquellos que liderizan y enseñan en la iglesia.
- Una iglesia que consume casi todo su tiempo y energías en sobrellevar y contener sus conflictos internos, no tiene tiempo ni energías para propagar el evangelio. Lo mismo pasa cuando una iglesia está más ocupada en brindar entretenimiento y esparcimiento, que en enseñar responsable y rigurosamente la Palabra. ¿Alguna vez ha sentido que gasta la mayor parte de su tiempo y energías en "sobrellevar" la carga de la vida interna de su iglesia? ¿Ha sentido Ud. que la vida en la iglesia se vuelve pesada por los constantes conflictos y discrepancias? Esto no es coincidencia, es lo que el enemigo quiere. Y no estamos hablando de discrepancias de forma, que son perfectamente normales. Estamos hablando de discrepancias de fondo. Por ejemplo, respecto a lo que es correcto e incorrecto en el desempeño ético del ministerio, respecto a lo que debemos calificar o no como pecado, e disputas respecto al marco general apropiado para la interpretación doctrinal en la iglesia —conservador vs. liberal por ejemplo— etc. Cuando surgen este tipo de discrepancias de fondo, es posible que la iglesia esté en peligro de división. Y cuando la iglesia enfrenta un peligro interno de esa naturaleza, no puede evangelizar efectivamente.
En resumen entonces, la intención general del enemigo es clara, concreta y se resume en lo siguiente:
Hacer pecar al creyente y a la iglesia para neutralizar su crecimiento espiritual y el desempeño de su ministerio. Del tal modo que la iglesia sea debilitada espiritualmente, deje de ser una oposición efectiva contra el enemigo y el evangelio no sea predicado.
Frentes de la guerra espiritual
Cuando se habla de guerra espiritual en la iglesia, generalmente se tiende a enfatizar la lucha contra Satanás y sus demonios, pero se da poca o ninguna atención a la lucha del creyente contra la carne pecaminosa. Satanás y la carne son aliados naturales. Cooperan entre sí para alcanzar aquellos objetivos concretos mencionados antes, en contra del creyente individualmente y en contra de la iglesia colectivamente.
Concretamente, podemos resaltar tres objetivos fundamentales del enemigo —Satanás y la carne— en contra del creyente individualmente:
- Hacer que el creyente peque y rompa su comunión con Dios.
- Hacer que el creyente persista en su pecado y lo convierta en un hábito.
- Hacer que el creyente apostate de su fe.
Por otra parte, los objetivos en contra de la iglesia colectivamente pueden ser resumidos de la siguiente manera:
- Hacer que la comunión entre los miembros de la iglesia se rompa.
- Hacer que la comunión de la iglesia con Dios se rompa.
- Hacer que la predicación del evangelio sea detenida.
El enemigo externo
Satanás es el enemigo externo del Cristiano. Siempre ataca desde afuera, pues no tiene forma de atacar directamente desde adentro. Porque cuando el creyente ha nacido de nuevo y tiene al Espíritu Santo morando dentro suyo, esto anula la posibilidad de que Satanás tenga acceso o influencia directa en la mente y el corazón del creyente. Sin embargo, todavía puede lograr ese acceso e influencia de forma indirecta a través de la carne.
En cambio, quienes no son salvos y no tienen al Espíritu Santo, están en riesgo potencial no solamente de sufrir opresión o atadura demoníaca, sino también de sufrir posesión demoníaca en casos extremos. La atadura y posesión demoníacas dan a Satanás un acceso e influencia directa en la mente y el corazón de la persona; en sus pensamientos, emociones y voluntad (Mt. 9:32–33, 12:22). Si este es el caso, Satanás tiene los medios necesarios para atacar a la persona desde adentro.
Influencia indirecta de Satanás a través de la carne
Ya establecimos claramente que Satanás no tiene influencia directa en el Cristiano desde adentro. Porque es imposible que los demonios puedan poseer espiritualmente a un creyente que ha nacido de nuevo y tiene al Espíritu Santo morado dentro suyo. Sin embargo, la carne coopera con Satanás, y es la herramienta que Satanás usa para tener acceso e influencia indirecta en la vida del Cristiano. Toda vez que Satanás —a través de la carne— logra ese acceso indirecto en la vida del creyente, logra también indirectamente acceso e influencia en la vida de la iglesia. Esto último es sumamente importante entender. Pues desde el punto de vista de la guerra espiritual, esto tiene el potencial de hacer que la vida de la iglesia se complique bastante cuando los creyentes dan lugar al diablo en sus vidas (Ef. 4:27). Porque, el propósito de Satanás no es solamente hacer miserable la vida del creyente como consecuencia de su propio pecado. Sino que también él querrá usar ese pecado para hacer también —si le fuera posible— miserable la vida de la iglesia.
Y ésta es precisamente la estrategia usada por Satanás para lograr acceso indirecto en la iglesia, que de otro modo directamente no tiene. Él usa la naturaleza carnal pecaminosa del creyente no sólo para causarle conflictos personales, sino también por ése medio, causar conflictos en la iglesia.
El enemigo interno
La carne es el enemigo interno del Cristiano. Ataca desde adentro y tiene acceso e influencia directa sobre los pensamientos, sentimientos y voluntad de la persona. ¿Cómo ataca desde adentro? A través de la propia concupiscencia carnal pecaminosa del creyente, la cual puede llevarlo a pecar.
Usamos la palabra "creyente" para designar a cualquier persona que cree en Dios, sin embargo un creyente —en el sentido estricto de ese término— no es alguien necesariamente salvo. A menos, por supuesto, que haya confesado sus pecados, puesto su fe en Cristo y haya recibido al Espíritu Santo. Pero la realidad es que no todos los creyentes han experimentado el nuevo nacimiento. Esto explica en gran parte por qué es que algunos abandonan la fe, otros se estancan en su crecimiento espiritual y otros no están preparados para enfrentar la guerra espiritual contra Satanás y la carne.
El estudio "No todos los creyentes son iguales – el nuevo nacimiento" disponible en este sitio web discute en detalle el significado del nuevo nacimiento. Explica la diferencia entre "creyente" y "creyente nacido de nuevo", así como su importancia para la madurez espiritual y la guerra espiritual en la vida Cristiana.
Errores fundamentales en la guerra espiritual
Ignorar a la carne
Cuando se habla de guerra espiritual, existe a veces la tendencia a atribuir todo conflicto en la vida del creyente a la obra de los demonios. Por ejemplo enfermedades, problemas financieros, problemas mentales —ansiedad, estrés, preocupación— crisis sentimentales, etc. Así como problemas personales, familiares y también problemas en la iglesia. Si bien es cierto que Satanás y sus demonios son capaces de causar este tipo de conflictos —y a veces lo hacen— no es correcto asumir que todos los conflictos en nuestra vida ocurren necesariamente por la intervención directa de Satanás y sus demonios. Ya que muchas veces —más de las que queramos reconocer— los conflictos espirituales que enfrentamos se originan en la concupiscencia pecaminosa de nuestra propia naturaleza carnal.
Entonces:
Un error fundamental en la guerra espiritual es ver solamente a Satanás como enemigo e ignorar casi completamente a nuestra carne pecaminosa como adversaria igualmente importante.
La carne —al igual que Satanás— es también una adversaria constante en nuestra lucha. Ignorarla, a veces nos lleva a ignorar nuestra propia responsabilidad y minimizar nuestra culpa, en el sentido de que podemos vernos tentados a culpar a Satanás de nuestros pecados, mientras nos liberamos a nosotros mismos de toda culpa. En el creyente, no todas las tentaciones son externas y vienen del diablo. Algunas tentaciones son internas y vienen de la concupiscencia de su propia carne.
"14 sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. 15 Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte." Santiago 1:14-15
"12 No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; 13 ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia." Romanos 6:12-13
"4 por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia;" 2 Pedro 1:4
Es interesante notar que el pasaje anterior de 2 Pedro 1:4, aparentemente responsabiliza a la concupiscencia pecaminosa humana de la corrupción que hay en el mundo. Quizás se refiere indirectamente a esa primera concupiscencia pecaminosa en la mente de Eva y Adán, la cual ocasionó la caída del hombre en el jardín del Edén y corrompió virtualmente toda la creación. Pero con toda seguridad se refiere también a la concupiscencia pecaminosa de todos nosotros los seres humanos —descendientes de Adán y Eva— con la que alimentamos todavía hoy en día toda la corrupción que hay en el mundo.
La naturaleza del poder de Satanás y de la carne
Otro error fundamental del creyente en la guerra espiritual es no entender a cabalidad cuál la naturaleza del poder de Satanás y también de la carne. Tampoco entender apropiadamente la naturaleza y el poder de las armas que Dios nos ha dado para luchar contra estos enemigos.
"3 Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; 4 porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas," 2 Corintios 10:3-4
"porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis." Romanos 8:13
Entonces, para derrotar a nuestros enemigos es necesario aprender a usar las armas correctas. Pero para usar el arma correcta es necesario entender claramente la naturaleza del poder de nuestros enemigos. Es un completo error pretender luchar contra ellos usando armas carnales, dependiendo más de habilidades, herramientas y conocimiento humano que de la Palabra, la oración y la obra del Espíritu Santo. ¿Por qué? Simplemente porque estas armas carnales no tienen ningún efecto y no hacen ninguna mella en contra de nuestros enemigos, que son espirituales.
Consideremos por ejemplo lo siguiente: Muchas iglesias que no tienen éxito en sus esfuerzos evangelísticos, recurren a herramientas y estrategias humanas para tratar de arreglar el problema: Haciendo uso de estrategias de publicidad y marketing, sistemas de planificación y organización empresariales, actividades de espectáculo y entretenimiento, habilidades artísticas (música, teatro, danza, etc.), técnicas motivacionales de liderazgo, calidad y éxito, etc. Todo, para tratar de hacer que el evangelismo sea más efectivo.
Al mismo tiempo sin embargo, algunas de estas iglesias ignoran completamente la posibilidad de que sus esfuerzos evangelísticos no encuentran progreso debido a que existe pecado oculto dentro de la iglesia. Y cuando hay pecado oculto en la iglesia, el Espíritu Santo no puede obrar. Y si el Espíritu Santo no obra, no contamos con su poder. Y si no contamos con su poder, el evangelismo no es efectivo. Luego, es peor aún cuando tratamos de sustituir su poder con estrategias y habilidades humanas. Finalmente, sin la obra del Espíritu Santo, estamos a merced de Satanás y de la carne.
En otros casos, iglesias que no tienen éxito en sus esfuerzos de discipulado para mantener a los creyentes firmes en el camino del Señor, ven como soluciones alternativas recurrir a estrategias "innovadoras" de discipulado. Bajo la premisa de que este mundo moderno requiere enfoques y estrategias que sean también "modernas", lo cual es una falacia (Ecl. 1:9).
Cuando en realidad, si el discipulado no prospera en la iglesia, es probablemente debido a que se ha descuidado y menoscabado la enseñanza de la Palabra. La cual, por cierto, es fundamental para el crecimiento espiritual que es al mismo tiempo meta principal del discipulado. Muchos creyentes abandonan la fe debido a que no se ejercita con ellos un discipulado en torno a la enseñanza sólida de la Palabra. Por el contrario, algunas iglesias erróneamente se enmarcan en usar principalmente el entretenimiento y esparcimiento como herramienta para retener la atención y participación de nuevos creyentes.
Estamos de acuerdo que actividades de sano entretenimiento para los creyentes no son intrínsecamente malas, ni están prohibidas por la Palabra. Pero éstas no son, ni pueden ser parte fundamental de las actividades de evangelismo y/o discipulado, en desmedro de la predicación y enseñanza de la Palabra. Tampoco pueden estas actividades quitar el tiempo en los programas de culto a la predicación, a la oración o a la adoración. Sino que deben tener su propio tiempo y lugar, de tal modo que no interfieran con las actividades espirituales de la iglesia, las cuales son más importantes y fundamentales. En otras Palabras, está mal menoscabar la predicación y enseñanza de la Palabra en los cultos y la escuela dominical, para reemplazarlas —aunque sea parcialmente— con actividades de entretenimiento y esparcimiento, sólo "para que los hermanos no se aburran". Pues hacer esto último es virtualmente provocar el desmoronamiento espiritual paulatino de la iglesia. Sin una adecuada enseñanza de la Palabra, la iglesia se estanca y muere poco a poco.
Por otra parte, es cierto que siempre habrán creyentes que abandonen la fe (Mt. 13:18–23, Jn. 3:3), pero aquellos que se quedan deben hacerlo porque han sido genuinamente transformados por Cristo. Y esto sólo ocurrirá si han recibido un sólido fundamento doctrinal a través de una enseñanza seria y responsable de la Palabra. Y cuando un creyente realmente ha nacido de nuevo, éste tiene hambre y sed insaciable de la Palabra (Sal. 119).
Es así que se puede argumentar que la enseñanza sólida y responsable de la Palabra es el único fundamento real del discipulado.
El enemigo ya está vencido
Si bien es cierto que todavía quedan muchas batallas que pelear, la realidad es que no hay una guerra que ganar, porque la guerra contra Satanás y la carne ya fue ganada. Cristo la ganó por nosotros en la cruz del Calvario.
"y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz." Colosenses 2:15
"el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo," Colosenses 1:13
"Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna." Romanos 6:22
"37 Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro." Romanos 8:37–39
Con su muerte y resurrección, Jesucristo venció al pecado y a la muerte para siempre. El precio por nuestro pecado fue pagada y Satanás no tiene más de qué acusarnos delante de Dios. El poder que tenía contra nosotros le fue arrebatado y le fueron arrebatadas todas sus armas que usaba para tratar de destruirnos.
"9 Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.10 Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche.11 Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte." Apocalipsis12:6–11
Satanás sabe que ha perdido la guerra, pero su intención es causar el mayor daño posible antes de ser echado al lago de fuego. La sentencia contra él ya ha sido promulgada por Dios y Cristo ya le asestó el golpe mortal en la cabeza. La serpiente antigua anda moribunda pero todavía quiere causar daño.
Cómo ganar nuestras batallas
Todavía tenemos que pelear contra la serpiente moribunda y esas batallas son difíciles, sin duda. Pero si bien ella aún puede causar mucho daño, ya no nos puede matar si en verdad hemos nacido de nuevo y el Espíritu Santo mora en nosotros. En vista de todo lo mencionado hasta aquí, es necesario entender ciertos criterios fundamentales:
Primero
Hay que entender que hay una guerra espiritual que se desarrolla todos los días, la cual hacemos mal en ignorar. Por lo tanto, es menester que el creyente asuma decididamente la mentalidad y la conducta del soldado. No se puede vivir la vida cristiana con ese enfoque erróneo de que la vida Cristiana es más parecida a un "parque de diversiones" que a un campo de batalla. Esta noción no es Bíblica en lo más mínimo y pensar así es la causa por la cual muchos creyentes e iglesias pierden sus batallas contra el enemigo. Y es también un motivo de peso por el cual el evangelio no es predicado eficazmente. Por otra parte, tampoco está bien evitar enseñar esta gran verdad a los nuevos creyentes bajo el pretexto de no "desanimarlos", sino que por el contrario hay que ir preparándolos para la vida Cristiana real. Finalmente, subestimar su capacidad de lucha sólo porque son nuevos es subestimar la obra poderosa que el Espíritu Santo hace en cada creyente.
"3 Tú, pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. 4 Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado." 2 Timoteo 2:3-4
Segundo
Hay que ponerse la armadura de Dios y entrenarse decididamente para la batalla. Y hay que hacerlo ya mismo, porque futuras batallas son inminentes y sorpresivas.
"Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes." Efesios 6:13
"Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar;" 1 Pedro 5:8
Hay que vestirse de la armadura de Dios (Ef. 6:11-13) para estar firmes contra las asechanzas del diablo. Solo la armadura de Dios nos permitirá resistir en el día malo, y estar firmes cuando todo haya acabado.
Esta vida terrenal no es para buscar "nuestra mejor vida ahora" como lo pregonan algunos falsos maestros. Aquello no es Bíblico. Por el contrario, nos esperan días de lucha y sufrimiento. El enemigo está siempre rondando cerca de nosotros y debemos estar alertas. No estamos exentos de sufrir sus ataques, pero tenemos una armadura poderosa para hacerle frente. Cristo ya ganó la guerra por nosotros, es menester resistir en nuestras posiciones y predicar el evangelio hasta que el tiempo decretado por Dios se cumpla y Satanás sea echado para siempre en el lago de fuego.
Tenemos también una lucha interna constante contra la concupiscencia pecaminosa en nuestra mente que viene de nuestra propia naturaleza carnal pecaminosa. Mientras vivamos en este cuerpo corrompido, esa naturaleza pecaminosa nos empujará vehementemente y sin descanso hacia el pecado. Es una lucha interna que debemos también asumir con valentía y decisión. Si le atribuimos a Satanás todo aquello de lo cual nuestra propia concupiscencia carnal es en realidad responsable, hacemos mal y estamos siendo sigilosamente engañados por nuestra propia carne. La carne es muy hábil para engañarnos.
"Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?" Jeremías 17:9
Después de que un creyente nuevo es salvo, debe empezar inmediatamente su proceso de entrenamiento (discipulado). No perdamos el tiempo tratando de brindar entretenimiento y distracción a los nuevos convertidos "para que no se vayan" de la iglesia. La Palabra poderosa de Dios es lo único que puede hacer permanecer verdaderamente a un creyente en el camino de Dios. Hay mucho que aprender, mucho que entrenar y el tiempo apremia. El discipulado es fundamentalmente enseñanza de la Palabra. Distraer a la iglesia con diversión y entretenimiento no es lo que el Espíritu Santo quiere, es lo que el enemigo quiere. Si bien, la diversión y la distracción no son inherentemente malas y tienen su lugar en la vida del creyente —si se las ubica en el orden de prioridad correcto. Sin embargo no son las herramientas correctas para tratar de mantener a los creyentes en el camino de la fe.
No está bien mandar a los creyentes al campo de batalla armados con una lima de uñas, en vez de una verdadera Espada. Pero si priorizamos en la iglesia el entretenimiento, las actividades sociales y la diversión en vez de una sólida enseñanza y estudio de la Palabra, éso estamos haciendo como lideres y pastores. Muchas iglesias se han dado lamentablemente a esa paupérrima tarea de entretener a la congregación para evitar "que los creyentes se aburran y se vayan de la iglesia".
Tercero
Si no se ejecuta primeramente una estrategia defensiva apropiada para cuidar nuestro propio territorio —lo que implica un discipulado Bíblico para fortalecer a la iglesia y cuidar las almas ya ganadas— es más difícil realizar exitosamente una estrategia ofensiva para avanzar en territorio enemigo con la evangelización.
Es cierto que debemos evangelizar ya, ahora mismo. Nadie lo niega:
"¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega." Juan 4:35
Pero salir a evangelizar sin estar debidamente fortalecidos y fundamentados en la Palabra y la oración, es como salir a pelear la guerra sin espada y sin armadura. Toda vez que la iglesia sale a evangelizar, Satanás quiere literalmente APLASTAR a la iglesia. Por eso es también que los conflictos y las luchas internas en una iglesia que evangeliza, potencialmente se intensifican. No nos equivoquemos: la forma más eficaz que Satanás tiene para detener al evangelio es a través de los conflictos y la división doctrinal, y a través del pecado dentro de la iglesia. En cierto sentido, salir a predicar no es realmente la parte más difícil de la gran comisión. Lo más difícil viene después, cuando tenemos que enfrentar las feroces represalias de Satanás. Salimos a predicar eficazmente un sólo día y las represalias de Satanás duran todo el año. Por ello, el proceso de fortalecimiento y crecimiento espiritual contínuo de la iglesia es tan importante.
Por otra parte, es importante considerar que no todos los que hacen "la oración del pecador" son realmente salvos, pues algunos la hacen sin entender realmente lo que implica el arrepentimiento. Algunos la hacen sólo porque esperan bendición material y sanidad de Dios, no porque hay una convicción real de pecado golpeando sus conciencias. Pero incluso en esos casos, la semilla ha sido sembrada en ellos y sólo queda esperar y ver si con el tiempo da fruto o no. Entre tanto, Satanás nunca renunciará fácilmente a los nuevos creyentes y/o simpatizantes, y multiplicará sus esfuerzos para tratar de que se aparten del camino que conduce hacia la salvación —recordemos la parábola del sembrador. Y es por eso que el crecimiento y fortalecimiento espiritual a través de la sólida enseñanza doctrinal en la iglesia es importante. De otro modo, jamás tendremos las herramientas adecuadas para afirmar en el camino del Señor a esos nuevos creyentes o continuar el proceso de evangelización a los simpatizantes. Si proveemos de una sólida enseñanza de la Palabra en la iglesia, incluso aquellos que "recibieron a Cristo" sin estar verdaderamente arrepentidos o por motivos incorrectos, tendrán todavía oportunidades adicionales para ser convencidos por la Palabra y arrepentirse genuinamente.
Conclusión
A diferencia de lo que muchos creen, los enemigos del Cristiano técnicamente son dos: 1) Satanás y 2) la propia naturaleza carnal pecaminosa. Por lo tanto, es menester estar plenamente conscientes de que la guerra espiritual se la debe encarar en ambos frentes. Es un error concentrarse solamente en Satanás como enemigo espiritual y olvidar completamente a ese enemigo interno, que es nuestra propia naturaleza carnal pecaminosa. No todos los pecados que cometemos son por influencia directa de Satanás; algunos vienen directamente de nuestra propia concupiscencia carnal pecaminosa. Por ello es que la Palabra, en el Nuevo Testamento, nos enseña insistentemente a no ignorar nuestra propia naturaleza carnal pecaminosa.
Finalmente, el discipulado como instrucción sólida en la Palabra, junto con la oración son imprescindibles para mantenernos firmes como Cristianos y mantener también firme a la iglesia. Y al hacer discipulado mediante una enseñanza sólida y responsable de la Palabra, indirectamente estamos asegurando también el éxito de la tarea evangelística. De todos modos, ¿no es cierto que en muchos casos un alto porcentaje de nuevos convertidos tarde o temprano abandonan la iglesia? La causa es en gran parte la falta de ese discipulado apropiado: Uno que no menoscabe la enseñanza sólida de la Palabra.
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Este material está en constante revisión y complementación.
Versión inicial: 0.1 (29-06-24)
Versión 0.2 (23-10-25)