El error fatal en el proceso de plantar una nueva iglesia
Raúl Alvarez Torrico
Introducción
"10 Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. 11 Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. 12 Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, 13 la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. 14 Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. 15 Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego." 1 Corintios 3:10–15
Toda iglesia recién plantada, típicamente enfrenta dos necesidades específicas que compiten una con la otra en cuanto a atención:
- La necesidad espiritual de crecimiento y solidificación doctrinal.
- La necesidad material de contar con un templo y equipamiento.
Se puede argumentar que una tendencia común en las iglesias relativamente nuevas es concentrarse más en su necesidad material que en su necesidad espiritual. Para una iglesia nueva, es generalmente más fácil enfocarse en su necesidad material que en su necesidad espiritual, porque con frecuencia los nuevos creyentes asociarán, por ejemplo, el construir un templo con el crecimiento de la iglesia, pero no asociarán necesariamente el lograr la madurez espiritual con dicho crecimiento —como más bien debiera ser. Por esto, se hace imprescindible que el plantador en primera instancia, y los líderes espirituales de la nueva iglesia en segunda instancia, tengan la visión correcta que prioriza la necesidad espiritual por encima de la material. No obstante, tristemente son los mismos plantadores de iglesias, quienes a veces caen en el error de priorizar lo material sobre lo espiritual, con consecuencias que en el futuro pueden resultar catastróficas para la nueva iglesia, como veremos más adelante.
En este artículo usaremos la frase "plantador de iglesia" para designar a misioneros, evangelistas y otros fundadores de iglesias nuevas que trabajan, bien sea a título personal o enviados por iglesias ya establecidas.
El engaño del crecimiento aparente en la primera etapa de la nueva iglesia
Luego de que una nueva iglesia es plantada y empieza a crecer en número, ésta se enfrenta tarde o temprano con la imperiosa necesidad de contar con un templo propio. Necesidad que es perfectamente razonable. Sólo aquellos creyentes que han experimentado en la vida real lo que significa ser parte de una iglesia nueva, que se reúne por ejemplo en la casa de algún hermano o en un pequeño salón alquilado, entienden lo dificultoso que se torna con el tiempo el no contar con una sede propia. En esas condiciones, se hace natural el desear adquirir primeramente un lote de terreno y luego construir una capilla. O de otro modo, comprar algún otro tipo de propiedad ya construida. En todo caso, cualquier objetivo así implica intrínsecamente una enorme inversión de tiempo, esfuerzo y dinero.
Por supuesto que la necesidad material de una iglesia en estas circunstancias parece innegable. Sin embargo en esta instancia, las decisiones que toma el plantador de la iglesia junto con el liderazgo (si lo hubiera) y la iglesia en su conjunto, son cruciales. Ya que un objetivo así probablemente requerirá una gran inversión de tiempo y esfuerzo, concentrando casi toda la atención de la iglesia en ese trabajo material, cuya magnitud y duración no serán nada despreciables. El sólo hecho de tener que generar el monto necesario de dinero para la compra del terreno y la construcción del templo significa de por sí un reto considerable y de largo aliento.
En estas circunstancias, si la iglesia invierte todo su tiempo, esfuerzo y recursos en la obra material, probablemente ya casi no quede nada para la obra espiritual. Los líderes de la iglesia ya no tendrán el tiempo, ni las fuerzas necesarias para dedicarse a la tan fundamental labor espiritual de la enseñanza doctrinal y el discipulado. Y los creyentes por su parte, ya no tendrán el tiempo, ni la capacidad de atención necesaria para estudiar la Palabra y aprender. No es raro ver a iglesias que asumen ese tipo de compromiso material optar, por ejemplo, por la venta regular de comida —generalmente en el horario del culto— para generar sus ingresos. Y así, la mayoría de los creyentes que deberían estar estudiando y aprendiendo la Palabra, terminan más bien trabajando en la cocina o alistando las mesas. Los líderes, por su parte, no pueden pasar por alto la responsabilidad de organizar y supervisar dichas actividades. Y debido a eso, por falta de tiempo y energías descuidan la labor de enseñanza y predicación de la Palabra, cayendo en la peligrosa y fatal costumbre de la improvisación en la predicación y la enseñanza. Consideremos que en la mayoría de las iglesias, no sólo los recursos materiales son muy limitados, sino también los recursos espirituales —por ejemplo la cantidad de líderes y maestros adecuadamente preparados.
De todas maneras, a causa del entusiasmo que genera el objetivo común de encarar un esfuerzo material de tal magnitud, no es raro ver surgir en la congregación una atmósfera de unidad y camaradería. Lamentablemente ésto puede llegar a confundirse con unidad espiritual y avivamiento. Contrariamente, esta falsa sensación puede llegar a ser solamente un velo que oculta la falta de una verdadera unidad en la Palabra y en el Espíritu Santo. No obstante, naturalmente toda iglesia nueva es en mayor o menor grado carente de verdadera unidad espiritual, porque se supone que ésta va creciendo y madurando junto con la iglesia.
"Sabiendo Jesús los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá." Mateo 12:25
Una unidad verdadera viene de conocer y cimentarse doctrinalmente en la Palabra. Sólo una iglesia que es madura en la Palabra es una iglesia que tiene el potencial de estar verdaderamente unida. No en vano se dice acertadamente que la doctrina une y la doctrina separa. Es el tipo de doctrina que una iglesia asume la que a veces une y a veces separa a los creyentes, lo cual es perfectamente natural y apropiado. ¿Cómo así? Por ejemplo, al mismo tiempo que la doctrina separa a protestantes de católicos romanos, es precisamente esa misma doctrina la que une y cohesiona a los protestantes en torno a su fe. Y la doctrina que separa a iglesias conservadoras de las liberales y/o pentecostales, es la misma que mantiene unidos a los conservadores en una misma conciencia acerca de cómo adorar y servir a Dios. Y viceversa en todos los casos, por supuesto.
Por ello, se presume que cualquier iglesia nueva empieza virtualmente en punto cero respecto a doctrina y madurez, y por consiguiente también respecto a verdadera unidad. Después de todo, si es una iglesia realmente nueva, la mayoría de sus miembros son también nuevos creyentes. Éstos, si bien han recibido el mensaje de salvación, todavía deben interiorizarse y profundizar en un conocimiento doctrinal más completo, sin el cual no puede realmente haber madurez espiritual. No por nada la Palabra describe a los nuevos creyentes como niños espirituales que solamente entienden los rudimentos de la fe. Que solamente son capaces de consumir leche y no alimento sólido —ésto no en un sentido despectivo por supuesto.
"13 Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; 14 pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal." Hebreos 5:13–14
Por esto mismo, niños que consumen leche son incapaces de forjar unidad espiritual y doctrinal, porque para ello se necesita madurez en el conocimiento de la Palabra. Niños espirituales que necesitan ser cuidados y alimentados con leche, no son capaces aún de sostener la verdadera unidad de la iglesia. La misma naturaleza nos enseña que en en el ámbito de la vida carnal y terrenal, los niños no son capaces de forjar alianzas sólidas en torno a convicciones y valores que a veces son muy abstractos, para encarar desafíos y luchas que pueden ser decisivas. Sólo los adultos tienen la capacidad de hacerlo.
La verdadera unidad
Compartir un mismo espacio físico no hace automáticamente que la iglesia esté unida. Tampoco lo hacen la existencia de camaradería y buena interacción social entre los miembros. Estas cosas son por supuesto buenas y deseables, pero no definen las bases de la unidad de la iglesia. En el mejor de los casos, solamente pueden llegar a ser potencialmente un reflejo externo de la unidad, pero no más que eso. Después de todo, camaradería y buena interacción social se evidencian también en muchos otros ámbitos fuera de la iglesia. Por otra parte, paradójicamente, la apariencia superficial de una buena relación social a veces podría ocultar la peligrosa realidad de la falta de una verdadera unidad.
"3 solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; 4 un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; 5 un Señor, una fe, un bautismo, 6 un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos." Efesios 4:3–6
En el pasaje anterior Pablo menciona las verdaderas bases que definen la unidad de la iglesia:
- Un cuerpo (el cuerpo de Cristo), en el cual están unidos todos los que han sido redimidos por Cristo en todos los tiempos.
- Un mismo Espíritu Santo morando en este cuerpo, como substituto de Cristo aquí en la tierra.
- Una misma esperanza, prometida por Dios, de que los redimidos por Cristo morarán eternamente en su presencia.
- Un Señor, al cual debe estar sujeta la iglesia en obediencia.
- Una sola fe, palabra que resume toda la revelación recibida de parte de Dios en las Sagradas Escrituras.
- Un bautismo, como expresión pública de la fe de cada creyente que conforma el cuerpo.
- Un Dios y Padre, quien junto al Hijo y al Espíritu Santo, son los absolutos autores y dueños de esta unidad.
Pero unos versículos más adelante en Efesios 4, de todas las anteriores, Pablo destaca la importancia evidente de una de ellas para salvaguardar la integridad de la iglesia, a fin de que ésta no se divida y se destruya: La unidad de la fe o la unidad doctrinal. Además, delinea la estrategia de Dios para fortalecer esta unidad de la fe:
"11 Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, 12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, 13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;" Efesios 4:11–13
¿Quienes son los encargados de parte de Dios para edificar la iglesia en unidad? Apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros.
¿Cómo? Perfeccionando a la iglesia en cuanto a doctrina, fe y el conocimiento de Cristo.
Luego, en los versículos que siguen a continuación, explica aún también por qué esta unidad de la fe es importante para evitar que la iglesia sea engañada por falsos maestros, los cuales introduciendo falsas enseñanzas, podrían potencialmente lograr que la iglesia se divida y se destruya:
"14 para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, 15 sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo," Efesios 4:14–15
"Siguiendo la verdad en amor" se puede entender como: hablar, enseñar y profesar la verdad, amando primeramente a Dios (Jn. 14:15, 21, 23) y también a nuestro prójimo (Gal. 5:14). Y amar a nuestro prójimo no implica fomentar el error doctrinal en la iglesia, sólo para evitar la controversia y los problemas con otros creyentes. Fomentar el error doctrinal no es amar a nuestro prójimo, mucho menos es amar a Dios. Entonces:
La consistencia doctrinal es la unidad de la fe. Y la unidad de la fe es consistencia doctrinal.
El interludio peligroso
Típicamente, cuando la nueva iglesia termina su primer objetivo (por ejemplo de construir su templo), las siguientes cosas pueden potencialmente suceder:
Primero
Si bien la construcción termina, a veces la responsabilidad financiera todavía continúa. Más aún si la iglesia ha incurrido en deudas para encarar dicha construcción —algo para nada recomendable, dicho sea de paso. A la iglesia le queda todavía un largo camino de trabajo y esfuerzo material por recorrer. Por ejemplo, existen iglesias que todavía tienen que vender comida y hacer otras actividades, años después de haber concluido la construcción, para poder pagar esas deudas.
Segundo
Si la iglesia no tiene deudas, ésta entra tal vez en una etapa de "descanso", al mismo tiempo que se goza viendo el fruto de su arduo trabajo. Éste es generalmente un tiempo de "respirar hondamente" y relajarse para recobrar las energías. En este ínterin, puede presentarse de manera natural un otro peligro para la iglesia naciente: Que el fruto material visible, el objetivo arduamente logrado, sirva como aliciente que oculte la urgente necesidad de crecimiento espiritual y consolidación doctrinal. ¿Por qué? Porque este fruto visible y palpable —haber resuelto una necesidad material imperiosa— llena aún la necesidad de la iglesia, de contar con una meta común que la unifique.
Tercero
Pasado un tiempo, cuando la novedad del objetivo logrado ya no es más causa de entusiasmo suficiente, o cuando la iglesia siente nuevamente el llamado a crecer y avanzar, surge otro peligro posterior: La tendencia pragmática de tomar el camino más fácil que es generalmente el más conocido: Empezar otra nueva obra de construcción material. Por ejemplo, una ampliación, la construcción de una casa pastoral, una cancha deportiva, un consultorio médico para obra social, etc. Ignorando, a veces completamente, la necesidad todavía urgente de afianzar doctrinalmente a la iglesia y lograr que esos niños espirituales que consumen leche, maduren y sean capaces de consumir alimento sólido.
No nos equivoquemos: aquellos hombres y mujeres maduros en la carne, con familias, trabajos y responsabilidades de gente mayor, que son por supuesto capaces de construir un templo, jamás serán capaces de edificar la iglesia a menos que maduren doctrinalmente. Pues aunque construir un templo es sin duda una tarea ardua y costosa, construir espiritualmente a la iglesia es una tarea aún más difícil y crítica. Ambas cosas no son equivalentes, y la última no sólo requiere de personas maduras en la carne, sino ante todo de personas maduras espiritualmente. Muchos de los creyentes nuevos, incluso si carnalmente son personas maduras, con trabajos, familias y responsabilidades de gente adulta, espiritualmente son todavía niños que necesitan crecer y madurar.
Cuarto
Ésta vez sin embargo, la coordinación podría no ser tan facil como la primera vez (a veces no lo es ni siquiera la primera), porque potencialmente empezarán a aparecer discrepancias y roces entre los miembros. Se podría argüir que conforme una iglesia empieza a tener más posesiones materiales, tenderá al mismo tiempo a tener más roces y discrepancias entre su membresía. ¿Por qué? Porque los recursos materiales y oportunidades de índole económica en una iglesia, a veces invitan lamentablemente a la disputa material por parte de aquellos malos creyentes que siempre hay en toda iglesia. Es un error muy común el asumir que todos los creyentes que son asistentes regulares en una iglesia son nacidos de nuevo, pues no todos los que asisten son salvos necesariamente y no todos han sido regenerados por el Espíritu Santo (Mt. 7:21-23, 13:18–23, 24–26). Más aún, cualquier creyente que no ha crecido espiritualmente es más propenso a comportarse carnalmente. De ahí la importancia de jamás descuidar el crecimiento y la madurez espiritual de los nuevos creyentes en una iglesia.
Por su parte, otros miembros sienten a su vez la responsabilidad de velar celosamente por el cuidado y uso adecuado de las posesiones de la iglesia. Luego, muchas veces sucede que no todos están de acuerdo acerca de qué se considera como cuidado y uso adecuado. De ahí por ejemplo que surjan discrepancias. Pero por una parte, que éstas surjan en la iglesia es perfectamente natural e inevitable. Por otra parte sin embargo, hay un límite de discrepancia tolerable en toda iglesia, antes de que ésta se empiece a estancar y a dividir (Mr. 3:24–25). Por supuesto, tal vez ésto no ocurra de la noche a la mañana, sino que a veces puede tardar años e incluso décadas. Porque si ocurriera de la noche a la mañana, los creyentes verían venir el peligro y quizás la iglesia lo evitaría, pero debido a que ocurre en periodos prolongados, la mayoría de los creyentes —incluso los más antiguos— no se dan cuenta que está ocurriendo, sino hasta que a veces ya es demasiado tarde. Se requiere de mucha sabiduría y discernimiento por parte del plantador de la iglesia y/o sus líderes para ver este tipo de peligros que se ocultan en periodos prolongados de tiempo.
Este gran error en la priorización de las necesidades supremas de la nueva iglesia, sumado posiblemente a una —ahora evidente— falta de verdadero cimiento doctrinal y madurez espiritual, crea la receta perfecta para el estancamiento espiritual. De aquí en más, la iglesia no tiene realmente muchas más posibilidades de crecer con un crecimiento espiritual real, sino que ahora quedará estancada patinando como en el lodo, o incluso hundiéndose y desmoronándose poco a poco. Porque ahora, se ha abierto irremediablemente la puerta a la inconsistencia doctrinal y a la posibilidad de una paulatina y sutil división. En estas condiciones, incluso si la iglesia "pisa el acelerador a fondo" lo único que logra es patinar en el mismo lugar, sólo que con más fuerza y velocidad, pero sin avanzar nada. A veces incluso más bien retrocede. ¿No es éste acaso el sentimiento de muchos creyentes en sus iglesias? ¿Que por más esfuerzo y trabajo que le pongan a la obra sienten que la iglesia realmente no avanza y que todo su esfuerzo cae en saco roto?
La inconsistencia doctrinal y su origen
Toda nueva iglesia tiene que ser coherente en la enseñanza doctrinal y consistente en el crecimiento espiritual de sus miembros. En otras palabras, idealmente una iglesia que se funda desde cero, jamás debería cambiar su postulados doctrinales y su identidad teológica. Aunque por supuesto, siempre hay lugar razonable para cambios mínimos de forma. Por ejemplo, si la iglesia se fundó dentro de un marco doctrinal y de interpretación teológica conservador, debe permanecer así y nunca cambiar. Hablando hipotéticamente, si los mismos plantadores de una iglesia nueva cambiaran la doctrina o identidad fundamental de la misma, eso significaría que los plantadores no sabían en qué creían, no sabían lo que estaban enseñando y no sabían lo que estaban haciendo. Quizás no eran entonces aquellos "peritos arquitectos" capaces de poner un fundamento sólido (1 Co. 3:10), que todo plantador de iglesia sin duda debería ser. Por tanto, probablemente no eran las personas apropiadas para plantar una iglesia. Pues obviamente, se espera que un plantador de iglesia sea alguien maduro en su fe y conocedor de su doctrina.
Por otra parte, si ocurriera que líderes de generaciones posteriores cambiasen la doctrina e identidad de la iglesia sin la venia de sus plantadores, entonces estarían arrebatando una obra que no es suya. Traicionando la visión de los fundadores y estarían tratando de edificar sobre fundamento ajeno, lo cual es deshonesto y por consiguiente pecaminoso.
"Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica." 1 Corintios 3:10
"Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiese sido nombrado, para no edificar sobre fundamento ajeno," Romanos 15:20
Cuando Pablo advierte diciendo "cada uno mire cómo sobreedifica", está advirtiendo a aquellos que traicionan los arduos esfuerzos del plantador, para edificar otra doctrina diferente sobre el fundamento que éste dejó.
Por todo esto, es imperativo que toda iglesia tenga coherencia doctrinal y haga uso de esa coherencia, para que también su crecimiento espiritual sea consistente. Esto solamente se logra si los plantadores se aferran tenazmente desde el primer día, a nunca descuidar ni por un segundo la enseñanza y el discipulado en la nueva iglesia. Especialmente en las primeras etapas de la vida de la nueva iglesia. En otras palabras, haga lo que haga la iglesia, ésta jamás debe descuidar la enseñanza sólida de la Palabra y el ejercicio de un discipulado Bíblico —el cual se fundamenta precisamente en la enseñanza de la Palabra. Velar por ésto es responsabilidad primordial de los plantadores y tiene consecuencias a futuro que potencialmente pueden afectar la sobrevivencia misma de la iglesia cuando el plantador ya no esté.
Un buen plantador de iglesia se preocupa de estas cosas y prevé. Ama tanto al nuevo rebaño como para invertir todo el tiempo y esfuerzo necesario en el bienestar de ella. Entonces, no descansa hasta ver que la nueva iglesia tenga un fundamento doctrinal sólido y se asegura que los que vienen después de él para sobreedificar, sean aptos para edificar correctamente, sin cambiar la doctrina. No sea que asalariados, de quien no son propias las ovejas, no solo dejen que lobos rapaces arrebaten y dispersen a las ovejas, sino que ellos mismos se aprovechen del rebaño.
"10 El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. 11 Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. 12 Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. 13 Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas." Juan 10:10–13
"2 Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel; profetiza, y di a los pastores: Así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿No apacientan los pastores a los rebaños? 3 Coméis la grosura, y os vestís de la lana; la engordada degolláis, mas no apacentáis a las ovejas. 4 No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada, no volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia. 5 Y andan errantes por falta de pastor, y son presa de todas las fieras del campo, y se han dispersado. 6 Anduvieron perdidas mis ovejas por todos los montes, y en todo collado alto; y en toda la faz de la tierra fueron esparcidas mis ovejas, y no hubo quien las buscase, ni quien preguntase por ellas." Ezeqiel 34:2–6
Un plantador de iglesia es como un padre que trae hijos al mundo. Una vez que forma una familia, no puede abandonar a sus hijos, sino hasta que éstos estén grandes y maduros. Y si es un padre responsable, se cerciorará de inculcar en sus hijos la obediencia y el temor de Dios para que sus vidas estén fundadas sobre la roca y no sobre arena (Mt. 7:24–27).
Pero si el plantador de iglesia abandona la obra antes de proveerla de un sólido fundamento doctrinal y deja que gente extraña con una doctrina diferente se haga cargo de la misma, está siendo potencialmente el causante del desmoronamiento de su propia obra porque él mismo está abriendo la puerta a la inconsistencia doctrinal.
La inconsistencia doctrinal
Es el desvío que una iglesia experimenta por la falta de un fundamento doctrinal sólido y una identidad teológica fuertemente definida. Esto se origina cuando los pastores y maestros (empezando por el plantador de la iglesia) descuidan la enseñanza sólida y exhaustiva de la Palabra y se limitan a redundar continuamente en rudimentos que no ayudan al fortalecimiento espiritual de los miembros más antiguos.
Estos miembros antiguos, potencialmente serán futuros líderes, que a falta de un fundamento doctrinal sólido, podrían guiar a la iglesia fuera de su doctrina, lo cual a su vez amplificará más aún la inconsistencia doctrinal.
Cuando la iglesia descuida la enseñanza doctrinal sólida y exhaustiva, especialmente para los miembros más antiguos, ésto abre la puerta a que ellos sean influenciados desde afuera y reciban de otro lado ese alimento que necesitan para fortalecer sus convicciones doctrinales más profundas, más allá de los rudimentos de la fe. Por ejemplo, en lo referente a la música y la liturgia, a la irreprensibilidad y otros requisitos en el liderazgo, a los fundamentos de un evangelio completo, al discipulado con un enfoque Bíblicamente correcto, el tratamiento Bíblico del pecado y la conducta inmoral, la aplicación o no de la disciplina, etc. hasta enseñanzas más fundamentales como la infalibilidad e inerrancia Bíblica.
En otras palabras, la falta de una enseñanza doctrinal sólida en doctrinas más allá de los rudimentos, deja un vacío —especialmente en los creyentes más antiguos y futuros líderes de la iglesia. Este vacío es lamentablemente llenado fuera de la iglesia con enseñanzas doctrinales contradictorias. Luego, la existencia de miembros con posiciones doctrinales contradictorias es lo que fomenta el aumento paulatino de la inconsistencia doctrinal, lo cual puede llegar a ser fatal para cualquier iglesia.
La Eclesiología, puerta para cambios en otras doctrinas
Hay evidencia anecdótica la cual sugiere que hoy por hoy en las iglesias conservadoras, la Eclesiología es una de las primeras enseñanzas doctrinales que se ven afectadas por influencias externas. Por ejemplo, mucho creyentes de iglesias conservadoras —incluyendo líderes y pastores— son influenciados negativamente por la Eclesiología de iglesias pentecostales-carismáticas e incluso liberales. Algunas de éstas son mega-iglesias que cuentan con un recursos audiovisuales millonarios y usan particularmente sus producciones musicales para atraer la atención de cristianos conservadores, primeramente a su música y luego indirectamente a su doctrina.
La mayoría de estos creyentes, si no tienen un sólido fundamento doctrinal, no se dan cuenta que están siendo influenciados y están siendo convencidos de que la forma correcta de "hacer iglesia" es lo que ellos ven de estas iglesias pentecostales-carismáticas o liberales en el internet y las redes sociales. Por ejemplo, la forma de hacer el culto usando preponderantemente la música y las experiencias sensoriales, lo cual muchas veces raya en la manipulación emocional. O sucumbir al llamado tipo de "culto antropocéntrico" en el que lo que más importa es saciar las necesidades carnales de la congregación. Luego, cuando ellos mismos tienen la oportunidad de ser líderes en sus iglesias, consciente o inconscientemente tratan de aplicar localmente, en mayor o menor grado, lo visto y aprendido afuera. Por ejemplo, abogan por cambios en la liturgia (que es parte de la Eclesiología) porque están erróneamente convencidos que éso es lo que traerá avivamiento a su iglesia.
Posteriormente, esta puerta abierta a través de cambios en la Eclesiología, propiciará de forma inadvertida y casi inevitable cambios en otras doctrinas. Por ejemplo la Pneumatología (la doctrina del Espíritu Santo), la Hamartiología (la doctrina del pecado), la Soteriología (la doctrina de la salvación), etc.
Nada de estas cosas puede un creyente antiguo y lider potencial, encarar de manera correcta y con buen discernimiento, si la iglesia se ha limitado solamente a repetirle los rudimentos del evangelio durante años y no le ha provisto de un entrenamiento adecuado en cuestiones doctrinales profundas. Muchos creyentes ni siquiera reconocen el peligro en las cosas que ven y escuchan afuera de sus iglesias, porque no han sido enseñados a usar su discernimiento, ni han sido enseñados a ejercer un saludable celo doctrinal. Ambas cosas: el discernimiento, y un saludable celo por la sana doctrina, son a su vez características de la madurez espiritual.
Por supuesto, tiene que haber también de parte del creyente la predisposición y el esfuerzo de escuchar, estudiar y aprender con determinación, humildad y paciencia. Porque si hay pereza y descuido en el creyente —y muchas veces las hay lamentablemente— éste nunca madurará, no importa cuantas oportunidades la iglesia le provea para hacerlo. Recordemos que todos "hacemos teología" cada día con nuestras ideas, palabras y acciones, aunque no hayamos estudiado formalmente en un seminario y aunque no nos lo propongamos conscientemente. Cuánto más hará teología aquel futuro anciano u obispo, cuando tome decisiones que afecten el rumbo de la iglesia con consecuencias —Dios no lo permita— que podrían ser catastróficas, si no sabe bien lo que cree y a qué marco de interpretación teológica pertenece.
Lamentablemente, la influencia doctrinal nociva en los miembros de iglesias sin un fundamento doctrinal sólido se facilita enormemente hoy en día a través del internet y las redes sociales. Éstas están saturadas de todo tipo de materiales audiovisuales y dominadas por el nada despreciable poder y alcance de mega-iglesias con una muy mala influencia doctrinal. La cual no solamente se acerca a la herejía, sino que en algunos casos ya es patente herejía.
Décadas atrás, antes del surgimiento del Internet, muchos padres advertían y protegían a sus hijos de la mala influencia de la televisión y el cine. En esta era del Internet, los padres hacen ahora lo mismo con el Internet y las redes sociales. En la iglesia por su parte, los nuevos creyentes necesitan ser advertidos también, no sólo de la inmoralidad y del pecado que se propaga por estos medios, sino también de un sinnúmero de falsos maestros y falsas doctrinas con muchísima influencia y poder de convencimiento. Pero muchos líderes de iglesias, lejos de advertir y proteger, ellos mismos sucumben más bien a estos engaños.
Las consecuencias de la inconsistencia doctrinal
Entonces, la inconsistencia doctrinal se abre camino al interior de una iglesia de forma peligrosa, potencialmente en los siguientes casos:
Primero
Cuando un plantador no provee un fundamento adecuadamente sólido a la iglesia, antes de dejar su obra en manos de otro obrero. Para ello, es crucial cómo este plantador define sus prioridades para los primeros diez o veinte años de la vida de la nueva iglesia. Particularmente, cómo decide gastar no solamente su tiempo, energías y recursos (los cuales siempre son limitados), sino también los del resto de la iglesia. Porque los nuevos creyentes también necesitan invertir el necesario tiempo, energía y recursos para su propio crecimiento espiritual.
Segundo
Cuando el plantador no prioriza la formación doctrinal de futuros líderes, principalmente ancianos/obispos/pastores, quienes serán llamados en el futuro a velar por la doctrina y el crecimiento espiritual de la nueva iglesia. Es sumamente importante que haya coherencia doctrinal en el futuro liderazgo de la iglesia (pastores, ancianos, diáconos, etc.) De otro modo, la falta de ella dará lugar a la discrepancia doctrinal. Y no sólo una discrepancia de forma, sino también de fondo, lo cual podría ocasionar que con el tiempo la iglesia se vuelva virtualmente ingobernable. Esto podría ocasionar que empiece a surgir paulatinamente la división doctrinal. Lo cual generalmente no ocurre de la noche a la mañana, sino de manera muy sutil y a lo largo de varios años.
Tercero
Cuando no hay enseñanza continua y consistente de la Palabra en la nueva iglesia y ésta ya tiene algunos años de antigüedad, los creyentes más antiguos desarrollan curiosidad por los que se ve, se hace y se enseña en otros iglesias. Esto sucede incluso más fácilmente en este tiempo, gracias al internet y las redes sociales. En estas condiciones, estos creyentes y potenciales futuros líderes de la iglesia (futuros pastores, ancianos, diáconos, maestros de escuela dominical, líderes de jóvenes, damas, etc.) empiezan a ser influenciados negativamente por otras doctrinas y otros maestros, lo cual tendrá consecuencias sumamente graves cuando éstos asuman el liderazgo de la iglesia en el futuro.
Cuarto
Cualquier iglesia que deja que sus miembros sean influenciados por doctrinas ajenas, se expone a la incoherencia doctrinal, al estancamiento espiritual, a la división y potencialmente a su futura extinción. Una vez que doctrinas ajenas entran al seno de la iglesia, es comparativamente más difícil, más costoso y más trabajoso deshacerse de ellas. Si una doctrina extraña entra y se asienta en una iglesia en un año, podría costar diez años de arduo trabajo deshacerse de ella. Y durante ése tiempo la vulnerabilidad de esa iglesia se acentúa. De ahí la importancia de velar por la consistencia doctrinal y por el crecimiento espiritual de toda nueva iglesia.
¿Puede acaso una iglesia desaparecer? La respuesta es sí. A veces incluso el Señor mismo podría querer deshacerse de una.
"4 Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. 5 Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido." Apocalipsis 2:4–5
En el pasaje anterior muchos arguyen que la frase "quitaré tu candelero de su lugar" se refiere al potencial abandono (algunos dirían incluso destrucción) que el Señor puede hacer de una iglesia que no se arrepiente.
Quinto
Las inconsistencias doctrinales tienen el potencial de causar primeramente estancamiento espiritual (falta de madurez espiritual) y luego división en la iglesia. Inconsistencias que son peligrosas no solamente cuando se trata de doctrinas fundamentales, sino también de doctrinas secundarias. Por ejemplo la música y la liturgia, el enfoque del culto de adoración, la aplicación de la disciplina, los requisitos para el liderazgo, el diezmo, la forma de predicación y enseñanza, etc. Todas éstas son casualmente doctrinas relacionadas a la Eclesiología. Generalmente, las inconsistencias se presentan en primera instancia precisamente respecto a doctrinas secundarias, las cuales pueden llevar paulatinamente hacia otras inconsistencias respecto a doctrinas fundamentales.
Algunos podrían argüir que las doctrinas secundarias no son tan importantes en este respecto, pero no es así cuando se trata de velar por la identidad doctrinal de una iglesia con un marco teológico dado. Recordemos que muchas nuevas denominaciones se han ido formado a través de la historia, no precisamente por discrepancias en cuanto a doctrinas principales, sino a doctrinas secundarias como por ejemplo la forma de la celebración de la liturgia y el culto, la práctica de los dones del Espíritu Santo, la forma de gobierno de la iglesia, etc.
Muchas iglesias se estancan y no crecen, precisamente porque existe discrepancia incluso en el seno del mismo liderazgo. Esto hace imposible fijar un rumbo doctrinal definido para la iglesia porque los mismos líderes "empujan el carro" en direcciones contrarias. Si cuatro caballos jalan un carruaje en direcciones opuestas con la misma intensidad, el desplazamiento neto del carruaje será siempre nulo. Este es precisamente uno de los peligros de la discrepancia doctrinal.
Y dicha discrepancia trae, como ya dijimos, ingobernabilidad a la iglesia. Por ejemplo, cuando surge algún conflicto serio entre creyentes, o algún creyente cae en pecado. Si hay discrepancia respecto a cómo exhortar, corregir, o aplicar la disciplina, la iglesia se vuelve virtualmente ingobernable. Como cuando en una familia, si el papá y la mamá no están plenamente de acuerdo respecto a cómo educar y corregir al hijo, ¿cómo disciplinarlo si uno de los padres hace el papel de "villano" y el otro el de "salvador"? ¿Precisamente porque discrepan en cuanto a los valores que deben inculcar en su hijo?
Conclusión
No velar adecuadamente por la continuidad y la consistencia en la enseñanza doctrinal y el crecimiento espiritual de los creyentes en una iglesia recientemente plantada, es un error fatal cometido por muchos plantadores de iglesias. Sean éstos personas individuales o iglesias ya constituidas levantando nuevas iglesias (avanzadas). Este descuido muchas veces es inducido por las necesidades materiales inmediatas (innegables sin duda) que toda nueva iglesia tiene, particularmente si cuenta con poco o ningún apoyo económico externo. Necesidades materiales, como por ejemplo, de contar con un terreno propio y la construcción de su propia capilla, con los anexos y equipamiento normalmente requerido por una iglesia.
En estas condiciones, es fácil para el plantador de la iglesia y para la nueva iglesia en su conjunto, caer en la tentación de direccionar erróneamente todos los esfuerzos, tiempo y otros recursos en la necesidad material inmediata durante los próximos diez años o más, descuidando casi completamente la necesidad espiritual que es más imperiosa: De proveer un sólido fundamento doctrinal y maduración espiritual tan cruciales para la subsistencia futura de toda nueva iglesia. Muchas iglesias si incluso subsisten, lamentablemente terminan estancadas durante décadas con constantes problemas y discrepancias en el seno mismo de su liderazgo. Incluso en cosas comparativamente insignificantes como cuáles canciones cantar y cuáles no, y otras más importantes como cuáles requisitos para lideres exigir y cuáles no, si está bien o no usar técnicas de marketing y neurociencia para el evangelismo y discipulado, o qué tanto énfasis hacer o no hacer en el pecado, la depravación total del hombre y el castigo del infierno al predicar el evangelio, etc. Este tipo de constantes discrepancias e incoherencias a veces se vuelven normales (no deberían serlo) en el seno de muchas iglesias antiguas y hacen que éstas se queden estancadas durante décadas. Como un auto que patina en el lodo pero nunca avanza, no importa cuán a fondo se pise el acelerador. Y lo que impide a dicha iglesia avanzar, es precisamente la existencia de dos o más facciones jalando en direcciones opuestas.
Las necesidades materiales de toda nueva congregación son indudables. Pero su necesidad de lograr coherencia doctrinal y fortalecimiento espiritual es aún más. Construir una iglesia y construir un templo no son lo mismo. Es por supuesto más importante construir espiritualmente la iglesia que construir materialmente su templo. En este punto coyuntural, todo plantador de iglesia debe ser sabio en buscar la dirección divina, hacer uso eficaz de la fe y depender completamente de la dirección del Espíritu Santo. No vaya a ser que termine como otros plantadores y líderes: Que habiendo sido capaces de construir el templo, más tarde se dan cuenta que por su insensatez, sin querer han destruido a la iglesia.
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